Venid niños y escuchad la historia que ocurrió en las navidades del 2009.
Volvía yo del gimnasio cuando, al llegar a mi coche, comprobé que tres palomas alimentadas a base de kiwi y café habían tenido a bien decorármelo ampliamente con su toque personal.
Miré fijamente el árbol, un minuto o dos, entré en el coche, lo desaparqué, lo aparqué un metro más adelante en doble fila y les lancé zapatillazos del 47 hasta que les jodí el sueño.
Mi coche, gracias al empeño de mi hermana en limarlo por la derecha y las mil veces malditas ratas del aire con diarrea por la izquierda parece Doscaras pero con las dos partes con agujeros y costras. Que digo yo por cierto, que si ese archienemigo no palma del salto de 6 pisos lo hace de una infección facial que riéte tu de el punky amarillo ese de érase una vez la vida.